Noticias | 8 marzo, 2020

El camino por recorrer: Logros y nuevos retos en el Día Internacional de la Mujer

por Norma Fuller  

-Investigadora CISEPA-
 

Este 2020 se cumplen 110 años desde que, durante  la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, Clara Zetkin propuso declarar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. El encuentro, cuyo objetivo era promover la igualdad de derechos, se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de un millón de personas.

Quisiera detenerme sobre este punto. El 8 de Marzo no celebramos a la mujer, en cualquiera de sus versiones. Esta fecha no es un momento para mandar felicitaciones a nuestras amigas ni para que el mercado lance artículos ensalzando un ideal determinado de feminidad y sus encantos. Lo que rememoramos es la ardua lucha que, mujeres comprometidas y aguerridas, llevaron adelante para conseguir, paso a paso, que se les reconozcan derechos que, de acuerdo con los principios de las democracias occidentales, eran naturales a los seres humanos pero que se negaban a la mitad de la humanidad: participación política, acceso a educación superior a trabajos dignos y a decidir sobre sus cuerpos. En suma, NO NOS MANDEN FLORES.

 

Esta lucha no se inició en 1910. Podemos remontarla a 1789 [1], cuando empezaron a desmontarse las monarquías dinásticas para establecer  un modelo de sociedad basado en la igualdad de derechos para todos. Ya en 1791 Olympe de Gouges publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana [2], copiando en buena medida la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano [3]. Los movimientos por los derechos de las mujeres tomaron fuerza a mediados del siglo XIX en torno a la lucha por el voto. Surgieron entonces los denominados movimientos sufragistas, cuya ala más radical extenderá sus demandas a la libertad sexual y el derecho a decidir libremente ser madres o no serlo [4]. Esta es considerada la primera ola del movimiento feminista. Como resultado de estas movilizaciones se fue ganando progresivamente el derecho al voto (en 1918 en Reino Unido, en 1920 en los Estados Unidos). En el Perú el movimiento feminista tuvo eco entre algunas mujeres desde la década de los 20´s pero se limitó a círculos pequeños. Se consiguió el derecho al voto en 1955.

La década de los sesenta del siglo XX se caracterizó por la emergencia de movimientos de protesta juveniles en gran parte del mundo (mayo 68, anti Vietnam, izquierdas en América Latina, feminismo radical). En este contexto, emergió con fuerza una segunda ola del movimiento feminista, en el cual las mujeres, sobre todo las jóvenes, se levantaron contra la opresión económica y sexual al grito de A TRABAJO IGUAL SALARIO IGUAL y ABORTO LIBRE. Surgieron multitud de grupos de mujeres al margen de los partidos políticos entonces liderados por varones. Esta extensa ola de protestas consiguió poner en agenda nuevamente la temática de los derechos de las mujeres.

En el caso peruano, si bien durante este período las izquierdas eran particularmente atractivas para los jóvenes, el feminismo tuvo poco eco y se limitó a pequeños grupos de reflexión muy activos pero aislados. No obstante, debe destacarse que fue durante este período, con la promulgación de la Constitución de 1979, que se consagró formalmente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el Perú [5].

En 1975, la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo como el día de los derechos de la mujer, al mismo tiempo que dedicaba esa década a la promoción de sus derechos. Asimismo, dentro del marco del sistema de las Naciones Unidas, en 1979 se suscribió la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, tratado internacional que estableció las bases para un marco jurídico global diseñado para garantizar la equidad de género. Desde entonces los estados democráticos han firmado sucesivos tratados garantizando los derechos políticos, laborales y reproductivos de las mujeres.

Pese a los avances descritos, las brechas en cuanto a equidad de género siguen lejos de cerrarse. Por ejemplo, un reciente informe de Naciones Unidas (ONU Mujeres 2018) revela que, a nivel mundial, una de cada cinco mujeres y niñas menores de 50 años denunció haber sufrido violencia física o sexual a manos de una pareja íntima en un período de 12 meses; la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan las mujeres es 2,6 veces mayor que la que asumen los hombres; y que en 2017, las mujeres ocupaban tan solo el 23,7% de los escaños parlamentarios de todo el mundo y representaban solo el 13% del total de personas propietarias de terrenos agrícolas [6].

Esta última década se ha caracterizado por el retorno de la energía en la lucha contra la subordinación de la mujer, podríamos decir que estamos ante la tercera ola del movimiento feminista. Esta se caracteriza por la movilización de grupos de mujeres jóvenes que actúan fuera del sistema de partidos políticos y luchan por superar las diversas formas de violencia estructural que afectan a las mujeres e impiden el ejercicio pleno de sus derechos. Se trata de aquellas formas de violencia inserta en los hogares, en las relaciones personales y en la vida cotidiana, que los movimientos feministas buscan visibilizar y superar.

El Perú no ha sido ajeno a este contexto de renovada intensidad de las reivindicaciones feministas. En tal sentido, en el 2018, la movilización contra la violencia de género NI UNA MENOS convocó a 500,000 personas solamente en Lima. El llamado a romper la barrera del silencio, una de las principales reivindicaciones de las actuales movilizaciones feministas, implica una profunda revisión del sistema jurídico formal de manera que las denuncias de las mujeres no sean silenciadas bajo el pretexto de la falta de pruebas. Se trata de una tarea ardua, dado que existen derechos fundamentales como el de la presunción de inocencia, que exige pruebas a menudo imposibles de obtener para denunciar casos de violencia de género. Sin embargo, como ya lo evidenciaron las primeras feministas, el sistema jurídico está diseñado para que no haya espacio para las voces de los débiles y para garantizar la continuidad del orden vigente. Nuestra tarea es, entonces, abrir el debate, alzar nuestras voces y encontrar rutas que nos permitan enfrentar los mecanismos que propician la reproducción de las múltiples formas de dominación patriarcal.

Dos siglos después del inicio del movimiento feminista moderno, podemos afirmar que el avance de los derechos de las mujeres es la revolución pacífica que más cambios ha logrado tanto en lo político como en lo económico y lo cultural. No obstante, queda todavía mucho camino por recorrer: paridad en la representación política, salario igual por trabajo igual, derecho al aborto, a la libre expresión de la sexualidad y denunciar la reproducción cotidiana de las múltiples formas de abuso que sufren las mujeres. Esa sigue siendo la agenda de este movimiento que avanza de manera segura, pero no exenta de altibajos, retrocesos y tensiones.

[1] Existe amplia información de luchas y reclamos de las mujeres contra la dominación masculina en diferentes periodos y culturas. Aquí solo voy a referirme a la historia del movimiento por los derechos de las mujeres que va paralelo a la instalación de las democracias representativas basadas en el principio de la igualdad entre ciudadanos que ha buscado extender la vigencia de este principio al ámbito de las relaciones de género.
[2] Casi en la misma fecha, en 1792, Mary Wolstonecraft publica la Vindicación de los derechos de la mujer, en la que aboga por el derecho de las mujeres a la educación y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
[3] Del  26 de agosto de 1789.
[4] De entonces procede la división entre las llamadas liberales que militan por la igualdad de derechos y las radicales que buscan desmontar en patriarcado.
[5] Dicha equiparación de derechos en el Perú tuvo como antecedente directo la obtención del derecho a la capacidad civil plena de las mujeres en 1969, que las emancipó de la tutela jurídica de padres y esposos.
[6] ONU Mujeres (2018) Hacer las promesas realidad: La igualdad de género en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Nueva York: Organización de las Naciones Unidas. Disponible en: https://www.unwomen.org/es/digital-library/sdg-report